04 julio 2019

El virus ZIKA, aún sin erradicar, es propagado por mosquitos

Ahora que el sarampión y el ébola acaparan los encabezados, es fácil olvidar el pánico sanitario de 2016, cuando el zika fue vinculado con varios defectos de nacimiento en miles de recién nacidos brasileños, cuyas madres fueron infectadas durante el embarazo, lo cual provocó temor en ese país y gran parte del continente americano.

Mientras los funcionarios de salud se esforzaban para detener su propagación, el virus recorrió Latinoamérica y el Caribe en la primavera y el verano de ese año, hasta finalmente llegar a Estados Unidos, donde hizo enfermar a decenas de habitantes en Florida y Texas y provocó que un sinfín de viajeros cancelaran vacaciones en los trópicos.

Entonces, al parecer de la noche a la mañana, la epidemia se evaporó y la atención pública pasó a otras cosas.

Sin embargo, la enfermedad de Zika no se esfumó.

“El zika ha salido del radar por completo, pero la falta de atención de los medios no significa que haya desaparecido”, comentó Karin Nielson, especialista en enfermedades infecciosas pediátricas en UCLA, quien estudia el impacto del zika en Brasil. “En algunos aspectos, la situación es un poco más peligrosa porque la gente no está consciente de ella”.

El virus —que principalmente es propagado por mosquitos, pero también al tener sexo con una persona infectada—, aún se encuentra circulando en Brasil y otros países que estuvieron en el epicentro de la epidemia; además, hace dos años la misma cepa llegó a África por primera vez. Según los descubrimientos recientes de los investigadores, esa cepa había estado circulando silenciosamente en Asia mucho antes de la epidemia de 2016.

Otra preocupación son los lugares de donde es endémico el mosquito que transmite el virus —la hembra del Aedes aegypti—, pero que hasta el momento no se han visto afectados por casos localmente transmitidos de zika. El martes 2 de julio, la Organización Mundial de la Salud emitió un informe sobre el virus de Zika en el que enumeró a 61 países con presencia del virus, entre ellos colosos densamente poblados como China, Egipto y Pakistán, así como gran parte de África.

Incluso Brasil sigue siendo vulnerable; la epidemia de 2016 azotó gran parte del suroeste del país y São Paulo, la ciudad más grande, y se espera que las altas temperaturas asociadas con el cambio climático extiendan el hábitat del mosquito Aedes, de acuerdo con un estudio reciente, lo cual pone a más decenas de millones de personas en riesgo de contraer zika y otras enfermedades transmitidas por mosquitos.

“No se trata de saber si habrá otro brote o no, sino cuándo ocurrirá”, comentó Ernesto T. A. Marques, investigador de salud pública en la Fundación Oswaldo Cruz en Río de Janeiro, quien también es profesor adjunto en la Universidad de Pittsburgh.

En Estados Unidos, el mosquito Aedes puede encontrarse en sectores importantes del país durante el verano, aunque los epidemiólogos dicen que el potencial para brotes a gran escala en ese país es limitado, porque casi en todas partes hay aire acondicionado, mosquiteros en las ventanas e iniciativas locales de control de mosquitos.

“También ayuda que la gente en Estados Unidos suele vivir bastante separada entre sí en hogares unifamiliares”, dijo Lyle R. Petersen, quien monitorea las enfermedades transmitidas por vectores en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). “Se trata de un mosquito que no vuela muy lejos”.

Aunque hasta ahora son pocos los casos nuevos de zika —el año pasado se calculó que hubo 20.000 infecciones en Brasil en comparación con las más de 200.000 durante el punto álgido de la epidemia—, países como Angola, Tailandia, Vietnam y Cabo Verde han estado informando sobre el nacimiento de bebés que padecen microcefalia relacionada con el zika, la enfermedad que provoca que los recién nacidos tengan cabezas deformes y un grave daño neurológico y que causó ansiedad en todo el mundo.

El zika ha estado siguiendo el camino de las infecciones virales, con la inmunidad entre los que se han enfermado y recuperado. En Brasil, Colombia, Puerto Rico y otros lugares muy afectados por la epidemia la llamada inmunidad colectiva limita el potencial de nuevos brotes porque el virus ya no obtiene suficiente tracción para propagarse entre quienes nunca han sido infectados.

Sin embargo, con el tiempo, los beneficios de la inmunidad colectiva disminuyen conforme nacen más niños, lo cual proporciona una nueva base para el siguiente brote epidemiológico.

Los funcionarios de salud pública se han mostrado frustrados por la cooperación irregular de países preocupados por el estigma asociado con la enfermedad de Zika, así como los que se han visto abrumados por otras crisis de salud. En Angola, el gobierno en un principio no informó sobre decenas de casos de microcefalia que fueron descubiertos por investigadores portugueses. En abril, los CDC relajaron su advertencia dirigida a mujeres embarazadas con planes de viajar a India después de que el gobierno indio se quejó de la inclusión de su país en la lista de alertas.

Eve Lackritz, quien dirige el Grupo Operativo para el Zika de la Organización Mundial de la Salud, dijo que una de sus principales tareas es dejar claro que se trata de una emergencia. “Mi temor más grande es el exceso de despreocupación y la falta de interés de la comunidad global”, comentó. “No es alarmista decir que ningún lugar donde vive este mosquito está a salvo del siguiente brote”.

En su nuevo informe, la OMS concedió que no había manera de saber si el zika aún estaba circulando en los 87 países con casos de transmisión previamente registrados. El consejo de la organización para las mujeres embarazadas que planean viajar refleja esa ambigüedad: cubre la piel expuesta con ropa de color claro, usa repelente para insectos y “considera los riesgos”. (También aconseja que los hombres que regresen de zonas con brotes conocidos de zika consideren abstenerse de tener sexo por lo menos durante tres meses).

Peterson, de los CDC, y otros que estudian el zika y algunos virus muy relacionados —entre ellos el dengue, la fiebre amarilla y la chikunguña— dicen que les preocupa que el mundo no esté preparado para el siguiente brote.

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