25 junio 2019

Más pulgas que estudiantes en un colegio público de Málaga

Las familias se niegan a llevar a sus hijos a clase debido a las múltiples picaduras de las últimas dos semanas

Picaduras de pulga por todo el cuerpo. Así llegó la hija de Pepi Sánchez del colegio el martes de la semana pasada: “Comida viva”, dice esta malagueña. Al día siguiente embadurnó a la pequeña con un producto que ahuyenta a estos diminutos bichos saltarines. No funcionó al cien por cien. “Volvió con picaduras en el cuello, el único sitio donde no le había puesto nada”, subraya. Numerosas madres y padres se daban cita hoy a la puerta del colegio público Cayetano Bolívar, en la barriada malagueña de Santa Rosalía. Cada cual contaba una anécdota diferente alrededor de las pulgas. Los insectos han tomado el centro educativo y, ante la falta de respuesta de las Administraciones, las familias han decidido hacer huelga. “No traeremos a nuestros hijos e hijas hasta que esto se solucione. No podemos seguir así”, explica María Jesús Fernández, madre de una cría de cinco años.

El aula de su hija se encontraba hoy prácticamente desierta. Solo había una alumna. “Los padres son de fuera y no tienen con quien dejarla”, explica Fernández. El panorama era similar en el resto de clases, patios y pistas deportivas, donde el sol pegaba con fuerza casi veraniega. Otras familias han recurrido a los abuelos o se han ausentado del trabajo. La asistencia de alumnado apenas llegaba al 10%, unos 50 niños y niñas de las 496 matrículas con las que empezaron el curso. Nadie ha recibido notificación oficial de la plaga de pulgas, pero no ha hecho falta para conocer el problema: todos tienen una prueba fehaciente en sus hijos e hijas. Las familias se han cansado de ir al centro de salud a tratar este problema, de comprar productos para las curas y de que nadie les haga caso. Han denunciado lo que ocurre ante las autoridades, pero sin mucho éxito.

El principal foco de pulgas, sostienen, se encuentra en los huecos en algunos muros y arbustos del colegio en los que se crían gatos callejeros. “De ahí, han dado el salto a todas las instalaciones”, cuenta María Dolores Gálvez. El colegio, al norte de la capital malagueña y a casi 20 kilómetros del centro, se enmarca en el distrito de Campanillas, en la barriada de Santa Rosalía, de 4.000 personas —muchas de ellas originales de Peñarrubia, un pueblo malagueño que quedó bajo las aguas del embalse de Guadalteba en los años setenta.

El centro escolar depende de la Junta de Andalucía, pero su mantenimiento es competencia municipal. El Ayuntamiento de Málaga ha explicado hoy en un comunicado que el colegio ya fue fumigado el pasado jueves por la tarde. El viernes hubo clase, pero muchas familias decidieron a primera hora llevarse a los alumnos debido al “gran olor a productos desinfectantes” que había, según explica David Betancor, padre un niño de seis años. “Entrabas y el aire era irrespirable”, subraya.

La asociación de madres y padres presentó un escrito al distrito municipal y las delegaciones de Educación y Sanidad de la Junta de Andalucía. En él se recoge que ese día "había un fuerte olor a insecticida y que picaba la garganta, dejando a elección de los padres dejar a los niños en el centro o no”. El documento está firmado por Ana María Villegas, presidenta del AMPA, que explica que el viernes pasado llamaron a un inspector de educación para mostrar sus quejas. “Creemos que se está jugando con la salud de nuestros hijos”, añade Villegas.

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